Azúcar y Sal
El biógrafo oficial Carlos Baker (Ernest Hemingway: A Life Story) y su amigo cercano A.E. Hotchner (Papa Hemingway) documentan que caminar o conducir hasta El Floridita era la recompensa diaria tras una jornada agotadora de escritura. Era el espacio para desconectar el cerebro, y pedirle daiquiris al viejo Constantino, su barman de confianza. Así como el famoso Floridita formó parte de la vida de un escritor premio nobel, existen varios lugares que no solo fueron restaurantes, bares o cafeterías, sino que fueron auténticos cuarteles generales de la identidad urbana.
El mapamundi gira y el dedo lo detiene en Buenos Aires en donde mencionar el Café Tortoni es hablar del café más antiguo de Argentina. Fundado por un francés en 1858, el Tortoni empezó a recibir artistas y bohemios intelectuales como el pintor Benito Quinquela Martín quien abrió en el subsuelo "La Peña del Tortoni" para que la clientela no solo consuma, sino que pueda tener un espacio para encendidas discusiones políticas o literatura, al mismo tiempo que el café se ganaba la reputación de tempo del tango y el jazz de vanguardia. Carlos Gardel tenía una mesa fija reservada. La poeta Alfonsina Storni hizo de ese sótano parte de su legado que hoy es identidad porteña.
En Santiago de Chile ocurrió con La Peña de los Parra fundada en 1965 por los hermanos Isabel y Ángel Parra (hijos de la icónica Violeta Parra). Este espacio no respondía a ninguna lógica comercial. Nació explícitamente para revivir el folclore de raíz campesina y dotarlo de un compromiso político y social. Fue el epicentro absoluto de la Nueva Canción Chilena. En su escenario entonaron sus primeras composiciones acústicas (sin micrófonos) de artistas como Víctor Jara, Rolando Alarcón y Patricio Manns. La dinámica gastronómica era comunitaria y austera, en los intermedios se compartían empanadas, anticuchos con pebre y vino tinto servido en mesas sencillas iluminadas con velas. Los muros del lugar, cubiertos de firmas de intelectuales de todo el mundo, funcionaron como un manifiesto vivo hasta su clausura tras el golpe de Estado de 1973. Es un monumento histórico de Chile.
En 1954 apareció en Barranquilla Colombia el Bar Restaurante La Cueva, que empezó como un rústico punto de reunión para cazadores y amigos del intelectual José Félix Fuenmayor, terminó convirtiéndose en el refugio del legendario Grupo de Barranquilla. Las mesas de La Cueva presenciaron las acaloradas tertulias de un joven Gabriel García Márquez, Álvaro Cepeda Samudio, Alfonso Fuenmayor y el pintor Alejandro Obregón. La comida del Caribe colombiano (pescados, carimañolas) y el ron se mezclaban con el desfile de músicos locales de cumbia, porros y piezas de jazz que los mismos intelectuales importaban en discos de vinilo. La Cueva funcionó como el laboratorio intelectual donde se gestó la renovación de la literatura y el periodismo colombiano del siglo XX. Las discusiones artísticas sostenidas en este restaurante sentaron las bases estéticas que más tarde nutrieron las estructuras del realismo mágico y la literatura de vanguardia en el continente. Hoy es un bien de interés cultural de Colombia.
Empecé este texto mencionando la relación de Ernest con su amigo barman del Floridita con total premeditación. Estimado lector, le quiero contar que en los días iniciales del restaurante me recibía Cristina con un vino o una cerveza, incluso un día me sirvió una infusión a razón de mi gastritis. Así como Constantino, Storni, Los Parra, o José Félix Fuenmayor... Las Moritas (incluyo a Nedalia antes conocida como Dani) son el mejor secreto del Sucré Salé, ellas te reciben con una sonrisa después de una jornada agotadora de trabajo en uno de los pocos lugares donde se promueve y rescata el talento de los músicos locales que interpretan jazz, trova, u otros géneros. Apostarle a la cultura y su difusión es resistencia en épocas en las que callarse es la norma. Bulla dulce o salada, usted escoge.
Darío Orellana Rodas
Locutor del programa "El Interruptor" en 102.1 Tomebamba FM. Sus textos han sido publicados en revistas como Coloquio de la Universidad del Azuay, Monda y Lironda de la Casa de la Cultura del Azuay, Revista Chispiola, Revista Yoko Magazine, Revista Inhaus, fue editor de estilo de vida en la revista BG Magazine, escribe el blog El Joven Dario.


por: Darío Orellana Rodas
CUANDO EL ARTE SE APODERA DE LAS CALLES
Durante los 13 años de Sucré Salé, hemos creado un lugar seguro para los artistas que deseen difundir sus proyectos artísticos. Nos encanta vincular directamente al artista y al consumidor, de una manera íntima, romper las barreras de un escenario lejano y sentir la calidez del arte. Sin embargo, este no es el caso cuando el artista decide usar los espacios públicos con el propósito de expresarse o entretener.
Los artistas se ven constantemente amenazados por las figuras de orden público, en especial ‘La Guardia Ciudadana ‘. Lo que nos lleva a cuestionarnos, si Cuenca es una ciudad cultural ¿Por qué limitamos la participación de los artistas en lugares públicos?
El Municipio de Cuenca ha delegado la Ordenanza Municipal Reguladora Del Uso Del Espacio Público Para Arte Grafiti Y Mural, así Como Para Difusión De Información. La misma que delimita los espacios en los que se puede compartir arte dentro de la urbe, la ordenanza indica que “La constitución garantiza acceder y participar del espacio público como ámbito de deliberación, intercambio cultural, al disfrute pleno de la ciudad”. Sin embargo, los artistas se han visto amedrentados en múltiples ocasiones por figuras de orden público.
Con propósito de ejemplificar lo que sucede en la calle con los artistas que deciden expresarse en espacios públicos, he entrevistado a dos artistas que admiro mucho, tocan constantemente en el escenario de Sucré Salé y también aprovechan las hermosas calles de Cuenca para acompañar con su música a los transeúntes. Sus nombres permanecerán anónimos por cuestiones de privacidad.
Entrevista a T.N
¿Qué es lo que te motiva a tocar en espacios públicos?
Compartir música, me gusta ver la reacción de las personas que pasan. También es un buen momento para aprovechar y tener otra fuente de ingreso, en especial con los feriados. Me parece que Cuenca es una ciudad muy bonita como para que no haya artistas que acompañen esa belleza. Las ciudades se contaminan también con ruido del tráfico, pero si en una ciudad tienes la oportunidad de escuchar artistas que se expresan en la calle, me parece que es algo ideal.
¿Qué problemas has tenido cuando tocas en espacios públicos?
Principalmente con la guardia ciudadana, a veces nos tratan como delincuentes, como si usar las calles para compartir arte fuese un acto criminal. A la gente le gusta mucho cuando toco, pero incluso ha habido veces en las que se reúnen hasta 5 guardias ciudadanos para pedir que me retire. No reaccionan así cuando aparece un ladrón, o cuando se escucha que hay alguien en estado de embriaguez alterando el orden. Nos tratan como criminales.
Entrevista a D.C.
¿Qué es lo que te motiva a tocar en espacios públicos?
Poder expresarme y enfrentar a un nuevo público que no se espera encontrar música en vivo, hay gente que es indiferente, pero es grato cuando hay quente que aprecia lo que escucha y te dan su apoyo.
¿Qué problemas has tenido cuando tocas en espacios públicos?
Las figuras de autoridad como policías y guardia ciudadana, a veces piensan que los artistas callejeros portamos algo ilegal o que usamos el espacio público porque somos vagos. Lo que hacemos los artistas en los espacios públicos es trabajar, no tenemos trabajos convencionales de 9h00 a 18h00, nuestra oficina es el mundo, nuestros clientes las personas que aprecian el arte. No se debe criminalizar a los artistas por ejercer uso del espacio público.
Ambos testimonios exponen cómo son tratados los artistas, si bien son personas que tocan en casi todos los escenarios de la ciudad, al momento de querer compartir su arte en la calle, no es la gente quien los desprecia, son los propios agentes del orden que impiden el desarrollo del arte y la cultura en Cuenca.
Debemos crear y permitir espacios seguros para el arte urbano en Cuenca, hay mucho talento que debe ser escuchado de esta manera menos convencional. Incluso, es un atractivo turístico que podría caracterizar a nuestra hermosa ciudad.


por: Nedalia Mora
Desde 2011
Desde hace 15 años hemos creado un concepto único en la ciudad de Cuenca, fusionando la gastronomía con el arte, música y cultura


Sucré Salé nació en el año 2011 como un sueño de Cristina Mora, una apasionada del arte, la música y la buena mesa. Lo que comenzó como una cafetería acogedora en medio de la ciudad, se transformó —con el paso de los años— en un espacio vivo, donde la gastronomía se encuentra con la creatividad y la cultura florece en cada rincón.
Desde sus inicios, Cristina imaginó un lugar distinto: no solo un sitio para tomar café o compartir una comida, sino un refugio para los sentidos, donde cada plato cuente una historia y cada visita se convierta en una experiencia. Su amor por el arte y su compromiso con la comunidad artística local hicieron que Sucré Salé se convirtiera en un escenario para músicos, pintores, poetas y soñadores.
Año tras año, hemos evolucionado junto a nuestra comunidad. Incorporamos nuevas propuestas culinarias, abrimos nuestras puertas a exposiciones, recitales, ferias culturales y talleres, y fortalecimos nuestra identidad como un centro de gastronomía, arte y cultura. Hoy, seguimos siendo un espacio de encuentro, de creación y de inspiración.
Y así, desde el 2011 hasta hoy, seguimos construyendo una historia que mezcla sabores, pasiones y momentos inolvidables.
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